Escribe Spinoza en su Ética que el alma del hombre se esfuerza en perseverar en su ser con duración indefinida. El judío errante es fuente de inspiración de Don Miguel cuando enfrenta a su Augusto Pérez al mismísimo Autor de esa Nibola de la que, en realidad, no es protagonista, sino sólo su más destacado guiñol. Y la rebelión de su Augusto Pérez, ¡recuerda tanto el insistente grito de Prometeo -¡Vivir, vivir, vivir, quiero vivir!- desde lo alto del prisco cuando los dioses le hacían pagar cara su osadía! Conatus essendi en acto puro.
