Prefieren creer a juzgar

Como todos prefieren creer a juzgar, nunca se juzga acerca de la vida, siempre se cree, y nos perturba y pierde el error que pasa de mano en mano. Perecemos por el ejemplo de los demás; nos salvaremos si nos separamos de la masa (Séneca, Sobre la felicidad)


miércoles, 6 de mayo de 2020

El Viejo Zeus

Hoy me eché a andar cuando el crepúsculo de la mañana frisaba el horizonte con tímidas y violáceas claridades, seguro de que a esas horas el Viejo Zeus, mi padre, llevaría ya rato despierto, aguardando a que el amanecer se filtrara por la persiana de su habitación y la noche diera paso a la vida.


El día que el Viejo Zeus se quede sin rayos que lanzar y su silueta se esfume sobre la cima del Olimpo, se me desvanecerá gran parte de la mejor parte de cuanto de sólido me queda de aquel mundo en el que nací, crecí y viví hasta que la Historia me acabara deportando a un Futuro que recién, en este vírico confinamiento, se ha hecho incómodo presente para mí en particular y para la sociedad en general.

Sí, aquel mundo -ése que parecía definitivo, irreversible, irreductible, cierto, convincente, deseable- primero, poco a poco, se "resquebrajó" por efecto de la geopolítica, después se hizo "líquido" por efecto de la postmodernidad y por último, por efecto de esta pandemia, bruscamente evanescente.

Aunque también fue deportado de su Mundo natal, el Viejo Zeus, pese a bordear hoy la centena, no se ha convertido en un muerto en vida. Nunca se ha cansado de correr tras la liebre que la Historia suelta a los que cumplen años para que nunca envejezcan. Ilusión. Sentido. Su biografía no ha sido un mero devenir en el tiempo, una simple suma de años, sino un progreso con propósito, con pretensión, que es en lo que precisamente el hombre de hoy -a falta de dioses, héroe de sí mismo- ha de convertir su propia evolución.

El Viejo Zeus domeñó su previsible destino. Lo esquivó. Su Mundo fue a parar a las salas de los museos de artes y costumbres en los que se expone la vida sida. Pero él no. Nunca se resignó a vivir de espaldas al presente. Con los años inevitablemente se hizo mayor, pero no cadáver en vida.

El Viejo Zeus ni mucho menos nació divino. Pero ha sabido ganarse un destacado altar en el Olimpo. Ahora, más que nunca, lo miro y lo admiro. La clave, no dejar de correr tras la liebre de la Historia. Ilusión. Sentido.

***

Yo soy el hijo del Viejo Zeus. Aunque demasiado joven para sentirme "extranjero" en el presente, el 11 de septiembre de 2001 el Mundo, mi Mundo, -atropelladamente- entró en una crisis de onda larga cuya resolución no voy a conocer. Y casi veinte años después de la caída de aquella Babel, un 14 de marzo, la Historia, al llegar al meandro del Covid, me produce vértigo y me resiento de no estar cerca del Viejo Zeus, para reaccionar como él cuando el suelo le faltó bajo sus pies.

¿La evolución es siempre progreso? Seguramente, la palabra "progreso", y también la palabra "esperanza", tenga más que ver con esa necesidad que el hombre experimenta de creer que lo mejor siempre está por venir, que con alguna ley de la Historia.

Lo cierto es que quisiera tener como Argos cien ojos, no para vigilar una joven ternerilla, sino para ver por dónde corre hoy una de esas liebres -Ilusión. Sentido- que la Historia suelta de cuando en cuando, y andar ligero tras ella, porque mejor es acabar en la irrealidad de un mito, habiendo intentado ser Zeus, El Viejo, que en la no vida de un museo.

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